Las cláusulas Drama

por Jorge Fields

En el año 1975 el presidente de 20th Century Fox era Alan Ladd Jr., evidentemente le gustaba el cine, y especialmente una película recién estrenada llamada American Graffiti. Llamó a su director para conocerle, y este le contó que estaba trabajando en una nueva película sobre samurais espaciales.

A Alan Ladd Junior le gustó la idea pero al resto de sus consejeros en la 20 century fox no. Al final por su empeño financiarían la película pero el pobre director vería poco, muy poco dinero. Ante esto, el director solicitó que al menos le dejaran los derechos de una futura secuela (que por entonces no se llevaban).

La Fox aceptó. Una vez empezado el rodaje la cosa iba mal y se fueron quedando sin dinero. La Fox volvió a apretar las condiciones al director que dijo, está bien, cambiaré mi contrato pero quiero los derechos del merchandising. Por entonces, tan solo Disney era capaz de vender merchandising de películas pero el bueno de Alan Ladd Jr estaba cometiendo uno de los mayores errores contractuales de la historia. La película era Stars Wars, había regalado los derechos de la tercera saga más rentable de todos los tiempos (10.000 millones de dólares) y se estima que desde el estreno de la primera película George Lucas, su director, se ha embolsado cerca de 20.000 millones de dólares según Forbes.

Exhibición de merchandising de Star Wars en la tienda de regalos del resort Walt Disney World. Foto de Todd King.

Si esto os ha parecido chocante, ¿sabéis cuál fue el concierto más caro de la historia? Pues fue el que organizó Uber, la startup, para la fiesta de su convención anual. Querían traer a Beyoncé y le ofrecieron 6 millones de dólares por la actuación. Beyoncé los rechazó, pero comentó que aceptaría los 6 millones si eran en acciones. Uber aceptó. En su salida a bolsa 3 años después las acciones de Beyoncé pasaron a valer 300 millones de dólares, 294 más de los que Uber tenía que haber pagado.

La cantante Beyonce actúa durante un concierto en el Festival Rock in Rio de 2013 en Río de Janeiro, Brasil. (Foto de Buda Mendes / Getty Images)

¿Qué podemos aprender de todo esto? Pues hemos contado esta historia desde el lado de los vencedores, pero como inversores o empresarios no podemos permitirnos cometer estos errores. Nos pueden costar la carrera y la salud. En ambos casos faltó visión a largo plazo. Los contratos sirven para el presente pero sobre todo marcan la casuística para el futuro. En la carrera siempre nos decían que lo único que hay más caro que un buen abogado es un mal abogado.

By Jorge Fields

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