Mala sangre

por Jorge Fields

Templeton ostenta el título de «mejor selector de acciones del mundo del siglo XX».

Era la historia que todo Silicon Valley estaba esperando. Una joven mujer, científica, deja sus estudios en una universidad de la Ivy League para montar una startup revolucionaria: Theranos.

La premisa es que habían desarrollado un hardware y un software capaces de detectar enfermedades in-situ con una solo gota de sangre y de forma muy barata. Toda una revolución.

Elisabeth Holmes, que era el nombre de esta nueva Steve Jobs en versión mujer, recibía todo tipo de atención mediática y por supuesto consiguió muchísimo dinero de algunos de los más prestigiosos inversores del mundo.

Foto de Elizabeth Holmes vía Capital&Main

En su punto álgido, en el 2014, la empresa llegó a estar valorada en 9.000 millones, y Elisabeth pasó a ser la nº1 en la lista forbes de mujeres hechas a sí mismas. Poco más de un año después una investigación de The Wall Street Journal destapó que toda la tecnología era un fraude, la empresa pasó a valer cero y todos los inversores perdieron su dinero.

La pregunta que debemos hacernos como inversores es: ¿Por qué los inversores de Theranos no vieron antes que fue un fraude? ¿Cómo analizaron la empresa para no darse cuenta?

No estamos hablando de pequeños inversores como en las preferentes, estamos hablando de inversores reputados de la talla de Carlos Slim, Henry Kissinger, Rupert Murdoch o el gigante farmacéutico Walgreens. A todos ellos Elisabeth les sacó 1.400 millones de dólares.

Foto vía trendTIC

Hay 2 peligrosas conductas dentro de lo que son los sesgos cognitivos de los inversores que provocaron esta situación.

La primera es asumir que si gente reputada, a la que admiras, o que es mejor que tú, ha invertido en una empresa es que la inversión es segura y merece la pena. Esto provocó un efecto bola de nieve por el que cuantos más inversores entraban, menos atención se prestaba a los números y al producto de Theranos.

La segunda es lo que en EEUU se conoce como FOMO (Fear Of Missing Out) o miedo a quedarse fuera. Cuando al CEO de Walgreens, la farmaceútica por antonomasia americana, le preguntaban por qué se invirtió en Theranos, su respuesta fue simplemente que era tal la revolución que proponían que no podían quedarse fuera o que otra farmaceútica se quedase con ello. Ese miedo a quedarse fuera unido a la bola de nieve de inversores provocó lo imposible: que una empresa farmacéutica invierta millones en un dispositivo médico sin hacer previamente una auditoría técnica del producto.

A todos los que estamos en este mundillo nos ofrecen inversiones cada día. Una startup, un chicharro en bolsa, un nuevo fondo, un local en Serrano o una patente estupenda. Es nuestra responsabilidad tener la mente serena, una metodología de inversión y, nunca, jamás, bajo ningún concepto, dejar de hacer nuestra propia auditoría o due diligence.

Da igual qué empresa sea, cuánta prisa tengan, quién haya invertido o quién te la esté recomendando. Amigos, en la inversión, el secreto está en el método.

By Jorge Fields

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